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viernes, 19 de mayo de 2017

MOMENTOS...

Ya lo decía el maestro: "de vez en cuando la vida, nos gasta una broma"...
o eso nos parece.

Pero, a veces las bromas, son cosas muy muy serias. Y no vienen de una en una, sino que se agolpan a las puertas de lo que creíamos nuestra vida para demostrarnos que ni es nuestra ni, a veces es vida lo que nos toca padecer.

Como un terremoto que todo lo mueve y desplaza, hay echos que nos hacen replantearnos nuestra forma de vivir. Trabajo, familia, amigos, dinero, salud... exploramos todas las variables y nos damos cuenta, la mayor parte de las veces demasiado tarde, de cuales son las realmente importantes.

El otro día llamaron mi atención que según la numerología este es un año uno (2+0+1+7=10 > 1+0=1), tiempo de empezar de nuevo... y en ello estamos.

Saldremos adelante. Por supuesto ni más ricos ni más sabios, quizá más escocidos, pero desde luego que saldremos cambiados. Diferentes. La vida es evolución y la mariposa para alcanzar su belleza y volar libre, debe ser antes un simple gusano.

No me enrrollo más, ya llegará el tiempo de las reflexiones cuando esto haya cambiado. Por ahora os dejo un poema que me ha llegado, casualmente, hoy... el día que cambio unas pocas cosas en este blog, y que habla, en el fondo de esperanza. Y va con propina. Un video en el que Tom Waits recita el famoso poema Laughing Heart (El corazón que ríe) de C.  Bukowski


The laughing heart (El corazón que ríe)

Tu vida es tu vida
no dejes que sea golpeada contra la húmeda sumisión
mantente alerta
hay salidas
hay una luz en algún lugar
puede que no sea mucha luz pero
vence a la oscuridad
mantente alerta
los dioses te ofrecerán oportunidades
conócelas
tómalas
no puedes vencer a la muerte pero
puedes vencer a la muerte en la vida, a veces
y mientras más a menudo aprendas a hacerlo
más luz habrá
tu vida es tu vida
conócela mientras la tengas
tú eres maravilloso
los dioses esperan para deleitarse
en ti.


miércoles, 3 de febrero de 2016

Listas...

Notas Mentales:

1-Nadie es mejor que nadie pero todos siempre, van a querer parecer mejores que tú en algún momento.

2-Busca un refugio donde regresar en caso de tormenta. Un recuerdo, un olor, un lugar,  un cuento... Y no se lo digas a nadie. Guárdalo bajo siete llaves. Lo necesitarás.

3-El dinero no da la felicidad. Es más, trae conflictos y problemas. Así que si te toca una primitiva, cállate y desaparece.

4-Ten siempre a mano un repuesto de púas. Ser erizo es cansado y se van desgastando con los roces de la vida.

5-Estudia a tu enemigo y cuando descubras su punto débil, vigílalo. Él esta haciendo lo mismo contigo.

6-Si te callas y dejas hablar aprenderás. Si hablas tú, tan sólo te escucharás a ti mismo y no aprenderás nada nuevo.

7-Ser invisible es una virtud. Hacerte el sordo es una estupidez.

8-Aprende cuando te riñan. Escucha atentamente, quien lo hace te está mostrando sus debilidades,  por donde puedes atacarle.

9-Apunta todo. La memoria es como las felicidad, esquiva, efímera y frágil.

10-No dependas de nada que no puedas llevar contigo la noche de la partida.

11-No te apegues a nada que no puedas llevar en tus bolsillos. Los del pantalón o los del alma...

12-Haz listas. Durante ese tiempo que usas para pensar, eres invencible porque nada ni nadie te a puede afectar.

13-El desamor es el mono que nos obliga a pasar nuestro cerebro, después de habernos atiborrado con drogas de la felicidad momentáneas.

14-Vivir mata. El principio y el final los debemos pasar solos y lo que sucede entre medias, encima, no depende de nosotros. Estamos jodidos...

15-Nunca te creas las listas de los demás. Debes elaborar las tuyas propias.
Aunque te duela.

16-Casi todo pasa...  Espero...

martes, 20 de octubre de 2015

La máquina de café.

Llego de un entierro y ahora estoy en la sala de espera de la UCI buscando monedas en el fondo de mi bolso.

Podría tuitear mierdas sobre las vida y la muerte, igual ganaría más seguidores o cambiar el ánimo de alguien de quien nada sé, ni sabré en la vida - pienso mientras muevo despacio las monedas en mi mano.

Pero prefiero tomarme un vodka cuando llegue a casa y seguir sonriendo. Si. Porque siento que nada tiene sentido, ni los besos de despedida, ni los abrazos de protocolo... A veces, ni respirar...

Y esta jodida máquina que sólo tiene café.

************
Emociones a flor de piel.
Tan descarnadas como sinceras.

Gracias @Paulova por dejarme sentirlas a tu lado.

miércoles, 7 de octubre de 2015

El viaje de mi vida.

Tomo un pequeño sorbo de la cerveza mientras miro el mar, y pienso en el viaje de mi vida, ese que empezó hace un año y todavía no sé, exactamente, cuando terminará.

Tic, tac. Tic, tac. Tic, tac… Marcando el tiempo como el péndulo de un reloj, oscilando lentamente delante de mis ojos, vi acercarse por el pasillo una bolsa azul, grande y pesada. Tic, tac. Tic, tac… La observé fijamente, como si esa oscilación fuera capaz de volver a poner en marcha el tiempo que parecía detenido en la sala de espera de ese hospital. Durante unos segundos, no hubo nada más importante en el mundo que el movimiento constante de esa bolsa hasta que, me pareció escuchar que alguien pronunciaba mi nombre:
-¿Alicia López? – escuché desde el fondo de mi cansancio. Ya no sabía si era un sueño o una pesadilla, pero el sonido me llegaba atenuado, cómo cuando, hartos de todo, nos refugiamos del mundo en el fondo de una piscina.

– ¿Es usted Alicia López? – escuché otra vez preguntar. Pero ahora, más cerca.
De repente desperté: hablaban conmigo: yo soy Alicia López. Poco a poco, sin darme cuenta me había ido encorvando en ese asiento de plástico duro, dejando caer el cuerpo hacia delante, apoyando los antebrazos en los muslos, la cabeza en las manos y tan solo podía ver unos metros de pasillo, unos zuecos y la bolsa azul oscilando a pocos centímetros del suelo, delante de mi.

Tuvo que ser la enfermera, agachándose delante y poniéndose a la altura de mis ojos mientras sonreía de manera profesional pero educada, la que me volvió a preguntar:
– Disculpe señora: ¿Es usted Alicia López?
– Si – acerté a contestar de manera mecánica, mientras levanté despacio la vista del suelo.
-Veo que el calmante que le ha dado mi compañera ha hecho su efecto. No se preocupe, todo está ya dispuesto. Si es tan amable de firmar los papeles para autorizar la extracción de órganos – y mientras me decía esas palabras, que yo escuchaba aún lejanas, dejó en el suelo, a mi lado, la bolsa azul. Solo pude seguir su mano con la mirada, incapaz de reaccionar ante la presencia de ese bulto extraño para mí.

Supongo que la enfermera, acostumbrada a esos menesteres, detectó una muda pregunta en mi mirada extraviada hacia la bolsa porque me dijo:
-Esos son los efectos personales de su marido. Si es tan amable de firmar. Me permito recordarle que su marido era donante de órganos, disculpe que insista, pero en estos casos el tiempo es factor muy importante. – me pidió con esa mezcla de ternura y profesionalidad, sonriendo dulcemente, mientras me situaba un impreso delante y me acercaba un bolígrafo.

En ese momento me vino a la memoria una escena en la casa del pueblo: Pedro agachado encendiendo la chimenea, y muy serio, sin venir a cuento en ese momento, pidiéndome que de ocurrirle algún accidente, lo incineraran, pero que antes procuraran aprovechar todos sus órganos…

– Supongo que eso es lo que él quería – me dije a mi misma, casi sin escucharme la voz. ¿Donde tengo que firmar? – pregunté, alzando la cara hacia la enfermera.
-Aquí, por favor – y me indicó un cuadrado al final de la hoja, mientras me acercaba el bolígrafo y la tablilla con el formulario.

Y yo firmé sin gafas, convencida de hacer algo bueno… aunque todavía no sabía muy bien el qué. No era consciente, no había podido asimilar aún, todo lo sucedido. Lo único que recuerdo es que llegó un momento en el cual todo pasó a discurrir muy rápido, pero a la vez, suavemente. Esos calmantes que me dieron debían ser muy buenos ya que sólo escuchaba rumores leves y las personas se movían como si fluyeran, sin movimientos bruscos. No sé exactamente cuanto tiempo estuve aquí después de recibir la llamada de la Guardia Civil, las carreras hasta el hospital, las horas de espera… y luego todo se diluyó en este leve sopor inducido por los benditos calmantes.

Una vez la enfermera tuvo mi firma, se incorporó apoyándose en la silla de mi derecha con un gesto de cansancio y dejó un instante su mano en mi hombro. Yo sentí que me daba las gracias con ese gesto mudo y volví a quedarme sola en medio del bullicio de pasillo de urgencias, pero ahora una bolsa azul me acompañaba como testigo mudo del accidente que había cambiado bruscamente toda mi vida. La miré y pensé:
-“Tantos años casada, durmiendo al lado de este hombre y, de repente, todo lo que me queda de él está dentro de una bolsa azul, manchada de sangre
Y ese es el último recuerdo consciente de la espera en ese hospital, la imagen que liberó el dolor y me permitió precipitarme en un llanto silencioso, lento, desconsolado y liberador, hasta notar que alguien me abrazaba suavemente…

..
.
Tres días tardé en poder rebajar la dosis de calmantes para dejar de parecer un zombi. Durante ese tiempo tuve que ocuparme de todo: papeles, familia, llamadas, la ceremonia de incineración, los niños y su dolor inocente… Eso es lo que peor llevé: intentar explicarles que su padre ya no volvería, que nunca más iba a poder jugar con ellos. Porque hay una gran diferencia entre lo que habíamos acordado y esta situación. No, para nada es lo mismo. Afortunadamente el tener que encargarme de tantos detalles me evitó, pararme a pensar en que vía muerta habíamos dejado nuestra relación; aunque la separación había sido pactada por el bien de ambos y sabíamos que era una cuestión de tiempo, esto me cayó encima como una avalancha que arrastró todo a su paso, sin poderla evitar. En quince años hay demasiados recuerdos acumulados, como para olvidarlos de un plumazo.

Pasados todos los trámites, al fin pudimos quedarnos solos, los niños y yo. Bueno, y mi madre que, olvidando todos sus achaques, se erigió como niñera y feroz guardiana de la madriguera. El cuarto día desperté muy temprano, después de una noche agitada. Todavía quedaban por firmar algunos papeles de la aseguradora, fue una jornada dura y me empezaba a encontrar muy cansada así que decidí irme a dormir pronto. Bajé la persiana, me tomé mi calmante y, sólo entonces, sabiendo que la pastilla me adormecería en poco tiempo, me atreví por fin, a abrir la bolsa azul que se había quedado tirada en el fondo de un armario. Extendí una sábana vieja sobre la colcha y abrí el nudo. Dentro encontré su ropa rasgada y manchada de sangre ya seca, su pluma, la alianza, esa horrible cartera que no me gustaba nada, unas monedas, el móvil y las llaves, un paquete de pañuelos y unas tarjetas. Dejé todas las cosas, conforme salieron de la bolsa y me quedé mirándolas abstraída:
– Así que… ¿en esto se resume todo? – me pregunté a mi misma, observando la colección de objetos que resumían la vida de Pedro esparcidos encima de la cama.

El señor de la aseguradora, me había explicado que el coche sería declarado siniestro total. Dentro aún habrían cosas de Pedro: su maleta con ropa, la mochila de trabajo, su ordenador, folletos, papeles… pero tal y como había sucedido el accidente eran irrecuperables. Todo, menos los objetos personales que llegaron con él al hospital.

Antes de meterme en la cama, que de repente me parecía enorme, tiré la ropa a la basura, vacié su cartera, guardé los documentos, la pluma, las llaves y las monedas en una caja de zapatos e intenté encender el móvil. No lo conseguí. Tres días habían sido demasiados, estaba, probablemente, sin batería. Cogí el cargador que teníamos en casa y lo enchufé. Efectivamente: estaba completamente vacía; así que lo dejé cargando encima de su mesa de trabajo y me fui a la cama a dejar que la pastilla hiciera su efecto y me permitiera descansar unas horas esperando el cuarto día, intentando descansar un poco.

Desperté tarde y con un extraño sabor metálico en la boca. Hice café y con la taza caliente en la mano me acerqué al despacho y, después de mucho pensarlo, encendí el móvil. Mientras se ponía en marcha lo dejé encima de los papeles pintarrajeados que Pedro usaba para tomar notas mientras hablaba por teléfono. Números, fechas, dibujos y letras cubrían la superficie del montón de hojas sujetas por una pinza, al lado de las cartas que, sin abrir, se iban amontonando. Cuando me pidió el PIN le puse el que tenemos todos y el teléfono volvió a “pensar” hasta que encontró la red móvil, activó la WiFi y me mostró, desafiante, el patrón de desbloqueo.

Y ahí me quedé, mirando como una tonta sin saber que hacer… La pantalla de seguridad me pedía un patrón, un dibujo, una clave que desconocía, si quería ver lo que había en el teléfono de mi marido muerto. Primero me sorprendió la existencia de esa barrera, pero luego pensé que yo misma tenía una por si los niños jugando me borraban algo importante y el móvil de Pedro era “su herramienta” de trabajo, sólo se lo dejaba a los enanos para jugar si estaba él delante. Entonces se me ocurrió probar mi propio patrón en su teléfono, pero no era correcto. Sabía lo complicado que podía llegar a ser averiguar la figura. Una vez se me olvidó la mía y estuve dos días hasta que encontré la forma de saltar esa barrera, pero el móvil de Pedro era un modelo nuevo y con este ya no servían los viejos trucos. Tomé otro trago del café, que se estaba quedado frío, y me fui a despertar a los niños porque se iban con mi madre al Zoológico. Les puse el desayuno, y después de llevarlos a rastras hasta la cocina, insistir para que comieran algo y luego fueran a vestirse mientras yo preparaba el lavavajillas y pensaba en algo para comer, me acordé del móvil olvidado sobre la mesa. Estaba secándome las manos, cuando un grito del pequeño me hizo asomarme al despacho.
– Mira mamá ¡el móvil de papá funciona!- me dijo riendo, mientras me enseñaba cómo en la pantalla del móvil de mi marido no paraban de amontonarse iconos de mensajes.
– Pero… ¿como lo has desbloqueado enano?- le pregunté todavía con el trapo de la cocina en la mano.
– Pasaba por aquí y lo he visto encendido. Se me ha ocurrido ponerle el dibujo de Papá – me dijo mientras señalaba un dibujo geométrico sencillo repetido muchas veces entre los números de teléfono y los nombres, en el montón de hojas que usaba para tomar notas.

Resulta que la clave estaba ahí, delante de mis narices. Entonces me acordé de todas las veces que tenía que ir a por él para que dejara el móvil y viniera a cenar. Y siempre lo veía con un bolígrafo, pintando la misma figura en la hoja, una y otra vez, distraído, mientras hablaba. Mi hijo, orgulloso de su hazaña, me dio el teléfono que no paraba de vibrar y zumbar y se fue con su hermano. Lo dejé conectado, descargándose unas actualizaciones y le abrí la puerta a mi madre que se llevó a los niños rápidamente.
Una vez sola en la casa, camino de la ducha, me quedé un instante mirando el teléfono sobre la mesa desde la puerta, observando que no paraba de vibrar. Al salir del cuarto de baño, mientras caminaba de vuelta hacia el despacho secándome el pelo, todavía no era consciente de que mi vida ya nunca sería igual.

Tres horas después todavía estaba sentada frente a la mesa, con los pies en la silla, el pelo mojado y sin vestir. Las gafas en la punta de la nariz, mirando alucinada la pequeña pantalla de ese teléfono…
235 mensajes de WhatsApp, más de 400 mensajes entre Twitter, Facebook, Instagram. 125 mails, varias llamadas perdidas y hasta unos quince SMS…

Con la boca abierta, mi corazón latiendo a mil y el cerebro sin poder procesar todo lo que era y suponía para muchas personas, absolutamente desconocidas para mí, ese hombre que se acostaba a mi lado. Amigo, amante virtual (y en algún caso, por los mensajes intercambiados, seguro que más que eso), consejero, filósofo, fotógrafo, poeta, persona… En varias ocasiones estuve tentada de apagar, quitar la tarjeta de memoria del teléfono, romper la SIM y olvidar todo lo que había visto, pero mi curiosidad, pudo más que la sorpresa o la rabia… Necesitaba averiguar que, quien era ese personaje absolutamente desconocido para mí. La persona que decía ser mi marido pero que, a la vez, era ese otro hombre totalmente nuevo, pero, a la vez, muy importante para otras muchas personas, hombres y mujeres.

Nuestra situación de pareja no era la ideal, eso estaba claro. Pero lo que tardé cuatro días en descubrir estaba a años luz de lo que se suponía era un matrimonio aburrido y previsible. Revisando los mensajes por encima descubrí que había verdadero cariño, mucha ternura, algo de sexo (hasta cosas que nunca hizo conmigo), un abanico de sensaciones y sentimientos que comprendí me llevaría mucho tiempo descifrar… Al principio quise ponerme a contestar enseguida, pero luego lo pensé mejor. Leí con atención, aprendí los mecanismos, creé una cuenta en twitter y empecé a seguir a la gente que más interactuaba con Pedro. Sabía que no sería un trabajo fácil ganarme su confianza y averiguar que pensaban de él, pero si algo tenía era tiempo. El accidente, me trajo algo bueno: la cifra que nos pagó el seguro nos facilitó la vida. Ya no tendría que preocuparme por trabajar ni por el futuro de los niños. Me despedí de la tienda y mientras seguía leyendo todos los días los mensajes que entraban en la cuenta de Pedro y hacía crecer mi propia identidad digital. A los pocos meses, nos mudamos a una ciudad nueva más pequeña y me dediqué sistemáticamente a recomponer pieza a pieza, el puzzle de la persona que había sido Pedro porque entendiéndole a él, estaba segura que podría aprender a ser mejor persona…

Hoy hace un año del accidente y estoy esperando en la terraza de un bar, frente a una playa del norte, a una profesora de primaria, casada y con dos niños con la que Pedro mantuvo (ahora lo sé) una relación. Es la sexta persona de una lista muy larga y aún quedan muchas más. Algunas me han confesado, que prefieren no conocerme y las entiendo, a otras soy yo la que no quiero verlas… todavía.
Poco a poco voy formando el mosaico del hombre que no conocí, aquel que decía ser mi marido, pero sobre todo, voy formando la imagen de la mujer que quiero ser a partir de este viaje: el viaje de mi (nueva) vida.

Puedes seguir a @Netbookk en Twitter. Publicado el pasado 18/08/2015 en De Krakens y Sirenas.

martes, 6 de octubre de 2015

¿Truco o trato?

¿Truco o trato?
¿Blanco o negro?
¿Carne o pescado?
¿Arriba o abajo?

Siempre decidiendo…
¿Pagas tú o pago yo?… ¿Que pasaría si pagamos los dos, cada uno su parte, y salimos del restaurante a la vez?
Nada. Porque somos dos seres humanos exactamente iguales.

¿Estamos de acuerdo en que es lo mismo que seas tu hombre y yo mujer?. O al revés. Da igual que, a la hora de llegar al coche, no importa quien conduce. El otro sabe que cuenta con la ventaja de tener las manos libres. Y sabemos que no importa porque saldremos del garaje con esas manos entrelazadas y ya no se podrá distinguir de quien es cada dedo.
¿Y que más da?
¿Acaso importa quien besa a quien? ¿Que labio muerde al otro? ¿De quien es la mano que busca bajo la tela el calor del otro cuerpo? ¿Acaso no son iguales la ganas de las cuatro?
Las llaves. ¿La tuyas o las mías? No importa.
Caen al suelo a la vez, justo al otro lado de la puerta, al igual que las chaquetas. No hay tiempo para buscar el perchero. Los zapatos salen despedidos de igual forma. La ropa interior, desaparece como por arte de magia y de la habilidad de nuestros dedos emocionados… No importa quien empezó, este juego. Todos somos iguales, seguimos las mismas reglas no escritas… Hasta que llega este momento… Espera. Ahora si.

Un segundo. De pie, desnudos a los pies de la cama, me separo un instante, para distinguir por última vez, tu piel de la mía y te observo, muy despacio.
Te devoro con mi mirada más seria, con esa que tanto te gusta. Sabes que es mi truco infalible para que haya trato entre nosotros, al menos, hasta mañana.


Puedes seguir a @netbookk en Twitter - Publicado el pasado 10/09/2015 en De Krakens y Sirenas

lunes, 5 de octubre de 2015

De uñas.

Hablo de tus uñas, querida.

Seguramente, si me pudiera ver ahora, mamá estaría, por fin, orgullosa de mi. Ella que tanto cuidaba las suyas, que tanto tiempo y amor les dedicaba, que tantas y tantas veces me repetía: “Unas uñas cuidadas, son las mejores embajadoras de la belleza”… Si. Seguro que ahora se sentiría orgullosa de mí.

Más de 3.000 visitas a la semana en el Blog. Marco tendencia. Soy una voz que se escucha atentamente cada temporada cuando analizo, y juzgo, cuales serán los colores que se llevarán. Si yo digo que esta temporada se lleva el verde lima, seguro que se agotan las existencias de esa laca en todas las tiendas… y todo se lo debo a ella.

Desde siempre me ha fascinado esa breve época del año, en la cual, tras los rigores del invierno las calles se llenan de colores. En las uñas de manos y en los pies, se representa la alegría por la vida nueva que está a punto de iniciar un nuevo ciclo. Fuera los guantes y los pesados zapatos invernales, bienvenidas las uñas de colores y los pies alegres. Esta es la época del año en la que puedo ser feliz creando…

Este color que he escogido para ti, es difícil de lograr, pero se va a poner de moda. No querida, todavía no puedes ver mi obra terminada. Hasta que la tercera capa no se haya secado no podré hacerte las fotografías para colgarlas en el blog. Y no protestes, sabes que cuando te pintas las uñas no puedes moverte. Y tampoco me mires con odio: ¡Al fin y al cabo, voy a hacerte famosa!. Tu belleza perdurará eternamente y todas las chicas te envidiaran, todas querrán conseguir un color de uñas como el tuyo.

Incluso yo que llevo mi discreción hasta el extremo, voy a atreverme a pintar las de mis pies con este color maravilloso. Los chicos podemos llevar estas pequeñas digresiones de forma discreta…

Es una lástima que tu no puedas disfrutar de esta efímera fama, la última dosis de somnífero ha sido la definitiva, porque la noche se acaba. Antes de que amanezca la laca estará seca. Dentro de nada haré las fotografías de tus manos y de tus pies para mi colección. Mamá estará orgullosa, te he dejado unas uñas perfectas y esta primavera sus rosales crecerán vigorosos gracias a ti.

Puedes seguir a @netbookk en Twitter - Publicado el pasado 20/07/2015 en De Krakens y Sirenas.

jueves, 1 de octubre de 2015

Renuncia.


Renuncia.

Estás en medio de una habitación vacía, sola y si estás leyendo esta nota, a partir de ahora (como tú misma me insinuaste como una de tus fantasías) ten en cuenta que ya no eres nada, ni eres nadie. 

No tienes nombre, tan solo eres un cuerpo que se encuentra a mi entera disposición para darme placer. Si cuando acabes de leer esta nota, decides seguir jugando, deberás desnudarte mirando hacia el ventanal sin mirar nunca para detrás y dejar tu bolso y tu ropa debajo de la silla.

Una vez hayas decidido ser un trozo de carne, que tienen como único fin mi disfrute y placer, deberás extender la toalla que está sobre la silla, y ponerte arrodillada y con las manos extendidas hacia delante y la frente pegada al suelo mirando al ventanal. A partir de ese instante no hablarás escuches lo que escuches, no te moverás, pase lo que pase; no levantarás la vista del suelo suceda lo que suceda... esperaras el tiempo que yo desee... mientras disfruto observándote.

Estarás para satisfacer mis caprichos y uno de ellos es observarte... recuerda que, en tu fantasía, puedo usarte como me plazca.

Recuerda que ye estoy observando. Cuando estés preparada deberás decir: "ya" en voz alta. Esa será la última palabra que pronuncies hasta que yo te lo permita. probablemente te vendaré los ojos, te ataré las manos y haré contigo todo lo que se me ocurra... todo lo que desee ( y te aseguro que tengo deseos muy oscuros). Escucharas metal, sentirás cosas frías y calientes; suaves y ásperas; olerás aceite y ungüentos y algunas otras sorpresas que  tengo guardadas, listas para usarlas contigo...

Recuerda que te estoy observando mientras lees esta nota y que me apetece mucho mirarte mientras te denudas. Pero recuerda que, bajo ninguna circunstancia debes mirar hacia detrás. Siempre hacia el ventanal...

Este es el punto de no retorno. si decides quedarte deja esta nota en el suelo y haz lo que te he ordenado... Si decides marcharte, tan solo debes abrir la puerta y salir.

Tú decides.


domingo, 27 de septiembre de 2015

Caricias. - 5

La quinta (pero seguro que no será la última) entrada de la serie con @AukaTR ... (por ahora...)

5



Caricias
Al sentir de nuevo sus manos sobre mi piel, me crispé. Me parecieron cosquillas, pero la humedad que fluía por mis piernas delataba otra cosa.

La postura tampoco ayudaba: con las piernas separadas, la falda recogida sobre los muslos, y esa brisa insolente que se empeñaba en recordarme lo excitada que estaba.
-Relájate- me dijo, acariciándome -desliza tus dedos suavemente..., nótalo dentro, déjalo fluir...
Y fluyó. Y estalló.
Y contraje mi cuerpo, enmascarando mi placer en una mueca de paroxismo casi bíblico.

Y él, inocente, creyó que por fin disfrutaba de Vivaldi y de sus clases de violonchelo...




sábado, 26 de septiembre de 2015

Manos. - 4

La cuarta entrada de la serie con @AukaTR ...

4



Manos.

Ahí están otra vez.
Sus manos.

Despojándome de la sábana, la única prenda que me cubre. Acariciando mi miembro que las esperaba, duro y palpitante. Solo para ella. Me acaricia y jadeo. Sé lo que ocurre después y mi pene salta, expectante y ansioso. Su lengua, húmeda, me recorre, lentamente, saboreándome. Me agarro a las sábanas al sentir su boca engullir prácticamente la totalidad del tronco.
Me escucho gemir.
Un sudor frío recorre mi espalda pero extiendo la mano para alcanzar el interruptor en la mesilla.

Enciendo la luz. Estoy solo. Como cada noche.
Y tiemblo.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Inmóvil. - 3

El tercer relato de la serie con  @AukaTR ...

3



Inmóvil.

-Quieta. No te muevas. Separa las piernas.

Me sujeta las muñecas con fuerza, no puedo ni quiero resistirme. Una de sus manos comienza a palpar sobre mi ropa, se introduce bajo la camiseta e inicia un movimiento ascendente. Tiemblo. Esos dedos me hacen vibrar. 
Continúa el ascenso. Noto su aliento en mi cuello. Se cuela bajo mi sujetador. Gimo...
-¿Otra vez, Soraya?- Exclama el agente, sacando la papelina.
Joder, me voy a arruinar comprando al Johnny tanta coca sólo para que me toque ese hombre. 
Ains…